27 mar. 2009

Hablar con el silencio, por Manuel López Azorín

Jose María González Ortega me envió su libro Hablar con el silencio editado por la Biblioteca de Autores Manchegos(BAM).
No conocía a este poeta; pero tras leer su libro, que me parece un acto de amor y generosidad con los poetas y la poesía, además de con la tierra que le vio nacer (Ciudad Real, Castilla la Mancha), se descubre también, a través de los 72 breves poemas que contiene (son todos de diez versos, y casi todos heptasílabos blancos, excepto los dos últimos a modo de sonetos heptasílabos blancos) que al tiempo que nos habla de los poetas y de su admiración por ellos, nos muestra su fascinación por la poesía y, como trasfondo, nos habla, no sé si queriendo o tal vez sin querer (ya lo decía Pepe Hierro: La poesía ve más que el poeta) de su yo más recóndito, más personal y detrás de todas estas hermosas y precisas palabras con las que nos canta, podemos intuir a un hombre que desea que las injusticias acaben en el mundo,que sueña ,hacer posible lo imposible, cambiar algunas cosas...para que nunca logren vencernos las tinieblas como me dice, y, naturalmente, sueña con vivir y practicar el hermoso y a veces utópico ejercicio de la libertad no sólo para sí, para todos. Para salvarse y salvarnos.

Este libro de Voces inolvidables (la primera parte) comienza con Bécquer y sus famosas golondrinas (y sin embargo tan sólo una vez citadas por el poeta postromántico) sirven éstas de inicio, de amor a la poesía, de admiración a los poetas y para que el autor busque también el corazón para colgar unos versos generosos y apasionados y en libertad.

Así nos acerca hasta Colliure, nos muestra la tristeza de la muerte, sin libertad en los labios mientras evoca, con otras certeras palabras, aquellas que Don Antonio Machado llevara en su chaqueta al final de sus días Estos días azules / y este sol de la infancia, con libertad en el alma y en los versos.

Este manchego que habla con el silencio (que no es otra cosa que tratar de colocar las palabras en los huecos de la luz para alejar la sombra) cuando nos canta a Juan Ramón Jiménez, desnuda la rosa de las rosas y, al tiempo nos desnuda su amor por las palabras.

Su corazón -como el de León Felipe- cabalga por los campos manchegos. Él a la búsqueda de sus poetas preferidos. Poetas del 27, del 36, de los años cuarenta, del 50, 60, 70 y, también, de un "hermano" suyo de los 80 que (es una afirmación mía) sobresale en la lírica actual y comenzó su andadura hacia finales de los 70 junto a él.(El poeta y narrador Pedro A. González Moreno)

A José María González Ortega,la memoria de los amigos no le falla y los sueños heridos no se le pierden como a Salinas, porque sus sueños -como los de Vallejo- que consistían en cazar estrellas y ser libres como dioses en la noche de la poesía,son los sueños del tiempo y de la luz. Por ello el poeta ni descansa ni desespera nunca y, al igual que a Guillén, la vida le lleva hacia ninguna parte/ para encontrar la luz. Así José María crea sus alas, sus cielos imposibles y alumbra con palabras al malagueño universal de Espadas como labios para salvar aquello que quiere, lo que admira y, creo yo, para salvarse él, con el alma en la luz de los libros y la vida.


Y así, poema tras poema,va re-creando a los poetas con sus palabras, con sus sueños, con sus deseos de amor y libertad, con generosidad, dándolo todo por nada o mejor dicho dándolo todo por amor. José María González Ortega no sólo es un colega del verso como decía de mi Pepe Hierro, desde este libro es ya de un poeta amigo y lo es porque me ha hecho, con algunos de sus poemas, evocar, recordar, a tantos buenos amigos-poetas, con los que he mantenido o mantengo relación de amistad, que quiero decírselo públicamente. Desde Gloria Fuertes hasta Pedro A. González Moreno y entre ellos Pepe Hierro, Pablo García Baena, Ángel González,Pepe Caballero Bonald, Luis Jiménez Martos,Fernando Quiñones, Antonio Gamoneda, Paco Brines, Ángel García López Pureza Canelo... Todas ellas voces inolvidables y, cómo no, mi inolvidable y queridisimo Claudio Rodríguez. Y luego, en la segunda parte, Voces de "tierra seca", esas voces, también inolvidables de Manxa o tierra seca que entre otros son Sagrario Torres, José Corredor Matheos,mi siempre recordado y tan gruñón como noble Eladio Cabañero, Felix Grande, Nicolás del Hierro, Miguel Galanes... (Cito sólo a los amigos; pero,por todos y cada uno de los poetas que re-creas con tus palabras, gracias José María.

Para final de este muestrario de poetas y poesía, dos personajes. Uno real y otro convertido ya en leyenda por mor de Cervantes. El real, Quevedo, que vivió en la Torre de Juan Abad y fue a morir a Villanueva de los infantes, donde descansa, y que nos hace no olvidar nunca un siglo (que fueron dos) bien-llamado de Oro.El otro, un manchego Alonso Quijano "el bueno" que (Hizo) muchas preguntas /sin encontrar respuesta/(Quemó) libros y sueños / La Mancha (le) dio todo. Personaje que, traspasando fronteras, convertido en Don Quijote, es conocido en todo el mundo y su lenguaje, nuestro lenguaje, gracias a su dueño Miguel,es , cada vez más, un lenguaje universal, una voz sin límites.

Yo desconozco si la Biblioteca de Autores Manchegos (BAM) tiene o no buena distribuición en en mercado de los libros; pero sería más que aconsejable que la tuviera para que, este libro, Hablar con el silencio, de José María González Ortega,no se quedase acumulando polvo en las estanterías de sus dependencias y pudiera llegar no sólo a los poetas sino a los lectores, cuantos más mejor, pues me ha parecido un poemario lírico, sencillo, directo, emotivo, acertado y hermoso.

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