29 mar. 2010

Sigue la poesía

Por Carlos Aganzo

¿Qué dicen los poetas ciudadrealeños? ¿Qué cantan los poetas manchegos de ahora? La verdad es que la respuesta es apabullante. Pocas provincias españolas pueden presumir, como Ciudad Real, de una nómina tan viva de poetas nacidos o vinculados con un territorio. Desde José Corredor Matheos hasta Ángela Vallvey, pasando por Francisco Mena, Félix Grande, Nicolás del Hierro, Miguel Galanes, Federico Gallego Ripoll… Todos ellos glosados por José María González Ortega, otro de los miembros del 'club', en la antología 'Detrás de las palabras', cuyo subtítulo 'Postguerra y Transición en la poesía de Ciudad Real' trata de acotar un territorio que se centra en cinco decenios especialmente vibrantes: de los cincuenta a los noventa del pasado siglo.
Poetas 'de' y poetas 'en' Ciudad Real, es decir, autores con trayectoria nacional suficiente como para no encerrarse en el terruño; un ejemplo magnífico de la permanente apertura literaria de Castilla-La Mancha, donde los éxodos, los viajes, las trashumancias, han sido moneda de cambio permanente durante siglos. Un pequeño perfil, una selección de poemas y una nota bio-bibliográfica de cada autor sirven para dar cuerpo al libro, que se desarrolla en el tiempo desde los más veteranos hasta los más jóvenes, dando muestra de una envidiable continuidad. José Corredor Matheos (1929), Premio Nacional de Literatura en el 2005 por sus extraordinarias 'Iluminaciones', abre la lista, con el ejemplo de un autor plenamente encuadrado en la fecunda Generación del 50 y marcado por la emigración que sufrieron las tierras manchegas en los años de posguerra, en su caso rumbo a una Barcelona donde su poesía hoy ocupa un lugar de relevancia, quizás menor del que realmente le corresponde, por el hecho de escribir en castellano. Le sigue Francisco Mena Cantero, un poco más joven, pero igualmente representante de esa Ciudad Real de la despoblación, en esta ocasión rumbo a Sevilla; un poeta de versos hondos y verdaderos, vinculado a Castilla y León por su pertenencia a la Academia de San Juan de la Cruz, de Fontiveros, y seguido de cerca por el 'madrileño' Nicolás del Hierro (1934) o por Valentín Arteaga (1936), miembros todos de una generación con voz propia. En este grupo se incluye también a Félix Grande, tan conocido por su poesía como por su raigambre flamenca, nacido en Mérida en 1937. No menos relevante es el siguiente grupo generacional, de poetas nacidos en los cincuenta. Miguel Galanes (1951), Joaquín Brotons (1952), Juana Pinés (1953), Teo Serna (1954), Francisco Gómez Porro (1958) y el propio antólogo, José María González Ortega (1958) ilustran muy bien esa gran polifonía de la poesía publicada en los 80. A ellos hay que añadir a Federico Gallego Ripoll (1953), afincado en Mallorca y una de las voces más reconocidas de la poesía actual. Cierran la nómina los más jóvenes, Pedro Antonio González Moreno (1960) y Ángela Vallvey (1964), para demostrar, como dice González Ortega, que «Existen verdaderos y valiosos poetas en la llanura infinita de La Mancha. Después del maestro, Juan Alcaide, sigue la Poesía».

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