18 oct. 2012

El color de la tinta

Nicolás del Hierro cumple 50 años apasionantes, reunidos en Poesía (1962-2012)


Nicolás del Hierro (Piedrabuena, 1934) es autor de poesía, novelas y relatos, escritos siempre con tinta de colores sinceros, generosos y compartidos. En sus versos hay tierra seca, raíces, sueños perdidos, oscuras mariposas de asfalto... Le pesan las nubes, el dolor, las injusticias, el sufrimiento de los marginados y desfavorecidos. Siente caer pájaros rotos y necesita lluvia para sembrar amor, al borde casi. Toda la soledad es suya, sin temor a morir: sólo al silencio interminable.

“El color de la tinta”, Poesía (1962-2012), ha sido editado por Vitruvio (Col. “Baños del Carmen”, nº 303) y contiene un clarificador estudio crítico de Pedro Antonio González Moreno. Sus 600 páginas atesoran 50 apasionantes años, vividos por quien a los 20 emigra desde Piedrabuena hasta Madrid para buscar su futuro laboral y publica en 1962 “Profecías de la guerra”, primero de los 12 poemarios aquí reunidos.

Nicolás añade a sus libros anteriores dos nuevos, “que habían permanecido hasta ahora en el cajón del escritorio", el que da título al volumen y “Semisoledades”. Asegura sentir especial alegría por este libro, donde también incluye seis poemas adolescentes inéditos: “Aunque no son mis obras completas, sí recogen la esencia de mi trabajo poético y lo más representativo durante cincuenta años”. El lector puede seguir diferentes etapas poéticas, marcadas “por el color negro de la tinta en la que mojo la pluma de mi inspiración”.

“El color de la tinta” ha sido presentado en el Ateneo de Madrid, el Centro Cultural de Piedrabuena y el próximo día 21 en la Biblioteca Regional de Toledo. En su pueblo natal, el poeta estuvo bien arropado con el Alcalde, José Luis Cabezas, el escritor, Manuel Juliá, el prologuista, Pedro Antonio González, paisanos, familiares, amigos y compañeros. Algunos asistentes fueron sorprendidos por Nicolás del Hierro y recitaron sus poemas.

Recuerdo un famoso relato de Jorge Luis Borges. Al protagonista, torturador y asesino nazi, le quedan horas para ser fusilado. Mientras, reflexiona y dice: “Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno”. Si los llevamos en el corazón, existen. Hay poetas que van al cielo -estoy seguro-: sienten el alma de las cosas y no dudan en esparcir esperanzas, luz entre tinieblas.

Nicolás del Hierro pide lluvia necesaria, redentora..., con poemas que deberían estar escritos en las paredes de todas las plazas: “Hasta la boca, hasta los mismos labios,/ vertiéndose, derramándose,/ como una nube.../ ¡Dios, cuánta amargura/ se junta en ocasiones en el pecho!/ Hay que dejarlo atrás:/ soñar es sólo un lujo de los privilegiados./ Aquí no hay más que tierra,/ tierra. Me sabe a tierra la saliva/ y la nariz no aspira sino polvo./ El hombre, aquí, con su problema,/ con su carga de tierra en los tirantes.../ Si lloviera.../ Si lloviera.../ El agua,/ el agua es lo que importa./ Una tormenta fuerte, grande,/ que se llevara este sabor a polvo,/ esta tribulación que sale,/ sin merecerlo, a veces, por la boca./ El agua.../ El agua.../ El agua.../ ¡ Si lloviera.../ podríamos sembrar algo de amor!"


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