20 mar. 2013

Romancero Flamenco

 


“Hasta que el pueblo las canta, 
las coplas, coplas no son, 
y cuando las canta el pueblo 
ya nadie sabe el autor.” 
Manuel Machado.






Manuel López Azorín es un verdadero poeta y -sobre todo- una persona cabal: sin perder nunca las relaciones afectivas con grandes autores, forma parte de los mejores críticos literarios. 

Invitado por el Grupo Literario Guadiana, viajó desde Madrid a Ciudad Real el 11 de diciembre y colaboró en el “Recital-Homenaje a José Hierro”, donde pudimos valorar sus reflexiones poéticas y calidad humana. 

Manuel López Azorín acaba de publicar “Romancero Flamenco”, libro de poemas inspirados en la historia del “Cante hondo”, cuya fuente dimana de las viejas coplas que su padre solía cantar. Forma parte de la colección “Eirene Editorial” y se presentó en el Centro Cultural “Blas de Otero” de San Sebastián de los Reyes y la librería musical “El Argonauta” de Madrid (9 y 20 de marzo). Participaron escritores, poetas, músicos..., como Rafa Mora y Moncho Otero (quienes musicalizan poemas de López Azorín en “El río de los ojos”) y Francisco Caro (a Piedrabuena vuelve con “Mayo de Versos”). 

Manuel indica la razón principal de su libro: “Comencé a escribir este “Romancero Flamenco” porque mi padre, en el recuerdo que conservo de mis años infantiles, era aficionado a entonar cantes flamencos. Recuerdo especialmente oírle cantar esta petenera: “Quien te puso Salvaora/ que poco te conocía,/ el que de ti se enamora/ se pierde pa toa la vía.” Cuando le preguntaba siempre me respondía con lo que luego supe que era una soleá: “To el que tiene alguna pena / en el corazón metía, / le estalla si no resuena.” La cantaba, luego lo supe, no porque tuviera penas de amor, que afortunadamente no le faltó, sino como vía de escape frente a la injusticia de la guerra que vivió y, luego, de la dolorosa y terrible postguerra que le tocó sufrir como a tantos otros españoles. Cantar fue para él una vía de escape, echar la pena fuera y el dolor que supuso ser uno más de los vencidos en aquel tiempo tan gris y silencioso.” 

Soleares, bulerías, peteneras, seguiriyas: “La seguiriya es el grito/ del dolor, de la impotencia,/ el primer “quejío”, el verbo/ que la soledad expresa/ con el llanto, con la rabia...” (p.55) Esa imagen de “La Andalucía trágica” descrita por José M. R. “Azorín”. Coplas que pasaron a ser patrimonio andaluz y dieron origen al “Cante hondo”, repartidas entre corralas y tablaos flamencos, sin pensar que corazones de poetas como Manuel Machado, latían en versos dirigidos al amor y la tristeza: “La música por el viento/ y al viento la voz, la pena,/ pena que se hace de carne,/ carne que se vuelve tensa,/ voz que desgrana su llanto/ en una alegría plena,/ para ganar la batalla/ con los versos de un poema.” (p.39) 

Manuel Ríos Ruiz, poeta (Premio Nacional de Literatura, 1972) y relevante flamencólogo, habla del libro: “Romancero flamenco viene a enriquecer a la poesía flamenca y algunas de sus coplas por soleares cabales, dignas de ser cantadas”. 

Quiero destacar que mi buen amigo, Manuel López Azorín, incorpora romances para difusores del Arte Flamenco: músicos (Manuel de Falla), poetas (García Lorca), guitarristas (Paco de Lucía, Tomatito), bailaores..., y la voz especial de José Monge, “Camarón de la Isla”.

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