15 oct. 2013

A través del otoño

Percibir el milagro de la vida con sencillez y serenidad: eso significa ser poeta. 


Isabel Villalta nos remite poemas nuevos y dedicatoria manuscrita: “Al Grupo Literario Guadiana y cada uno de sus miembros, buenos amigos, buenos escritores, desde este espacio dorado del otoño.
Pablo Méndez (editor y poeta) verifica los aciertos del libro: “... el más ambicioso de los escritos hasta hoy. Un recorrido poético hacia el otoño, desde dentro de su soledad y su hermosura, con una voz clara, sugerente y rítmica.” (p.2)

Isabel Villalta (Membrilla, 1951) lleva muchos años residiendo en Manzanares (cuna de poetas), donde sus hijos nacen y crecen alentados ante la fortaleza de los padres: amor a la vida, constancia y -sobre todo- dignidad. Licenciada en Filología Hispánica (UNED) y Grado Superior de Francés (EOI), colabora en actos culturales, revistas, antologías, etc. Ha conseguido premios valiosos: Comendadora de la Orden Literaria “Francisco de Quevedo” (Villanueva de los Infantes). Autora de varios inéditos (ensayos y poemas), tiene publicados 8 títulos y 5 son de poesía: “Diálogos” (Autoeditado. 1999), “En torno a D. Quijote” (Imprenta Diputación de Ciudad Real. 2006), “Donde habita la inocencia” (Ídem. 2007), “Pleno de su luz” (Autoeditado. 2010) y “A través del otoño” (Vitruvio. Madrid, 2013).

“A través del otoño” hay ternura, reflexiones libres, 41 poemas dispuestos en Rachas y Chasquidos (16), Remanso (8), Serenidad (6), Fin de otoño (5) e Invierno y caos (3); junto al umbral que forman ¿Con el primer tinte?, Poética y Comienzo de la desnudez: “Se mueve el tiempo entre rachas violentas/ y compases calmados,/ picos dichosos o tristes, y paz;/ en armonios que ya acusan fatiga/ y van dejando caer los papeles.” (p.12)

Poeta de raíces románticas, su corazón guarda lecturas esenciales (Neruda, Guillén, Gil de Biedma); aromas y sabores manchegos: “¡vino, uvas, membrillos, avellanas...!” (p.74); estrellas fugaces, pasión y realidad: “Las cartas, el deseo, la juventud, la playa.../ aquellos incendios/ que nos van consumiendo...” (p.48); barruntos de tormentas que pudren racimos y destrozan sueños: “Se me hielan los cristales del alma,/ el lugar desolado...” (p.63); temor a los días en soledad y tristeza: “... los fríos del invierno,/ el caos definitivo.” (p.11)

Algunos críticos piensan queVives ya en la estación/ del tiempo rezagado:/ lo has llamado el otoño de las rosas./ Aspíralas y enciéndete. Y escucha,/ cuando el silencio se apague, el silencio del mundo.
la diosa poesía no imprime carácter. Nunca deben olvidar lecciones sabias de Francisco Brines (“El otoño de las rosas”, 1986. Premio Nacional de Poesía):

Isabel, amiga, tú sabes hablar en voz baja, percibir el milagro de la vida con sencillez y serenidad: eso significa ser poeta: “Reforzad las colmenas/ y atesorad el dulzor de la miel,/ su transparente prodigio/ que levanta los andamios del mundo.” (p.31)

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