28 abr. 2014

Cuerpo, casa partida

Francisco Caro desnuda su corazón en los versos.

“Haz de poner los ojos en quién eres,
procurando conocerte a ti mismo...”
(Consejos de D. Quijote a Sancho)

Ningún poeta verdadero surge de la nada. Todos necesitan soledad, buenas lecturas, descubrir mundos interiores, latidos fraternos, y querer tirar los dados al aire con ilusión. Aun así, podría sorprender la fulgurante trayectoria de Francisco Caro (Piedrabuena, 1947), pues solo transcurren 8 años desde su primer libro, “Salvo de ti” (I Premio “Asociación Escritores de Castilla-La Mancha”, 2005. Ed. Vitruvio. Madrid, 2006), hasta “Cuerpo, casa partida” (XXXII Premio “Leonor”, 2013. Diputación Provincial de Soria, 2014); pero de 9 títulos publicados, 8 premios valiosos refrendan positivos avances, miradas profundas y voces compartidas. 

Filósofos clásicos y religiones actuales coinciden: “Detrás de cada gran hombre (¡nunca delante! ) hay una gran mujer.” Autoridad hostil ejercida por “ingenuos” adanes sin paraíso, cuyos abrazos (¡muchas veces!) matan. Si no fuera porque Mari Carmen, la cordial esposa y paciente “becaria” de Francisco Caro, tutela su febril adicción a la poesía (presentaciones de libros, recitales y colegas sedientos de contar mil aventuras literarias), estoy convencido que no sería posible conocer al mejor alumno, amigo y paisano de Nicolás del Hierro. 

“Cuerpo, casa partida”, suma 30 poemas dedicados a celebrar el poético rito de la carne hecha versos, esencia de palabras, encendida memoria donde confluyen labios, pasiones, alas y silencios. Orientador umbral es “Aceptado temor”: “este reto,/ esta manera/ de escribir con el mismo/ aceptado temor con que reciben/ las aguas cada golpe de piedra/ y tras hacerlo suyo lo prolongan/ lejos,/ débil,/ hasta que a la mirada sea/ aquel dolor olvido.” (p.11)

El libro tiene 2 bloques, “La parte izquierda de mi casa” y “Alguien levantó círculos”, más el final nostálgico, “Abandonar la casa”: “en esta casa pobre,/ alivio y desazón,/ escribo en el cuaderno:/ no hay verso que sin ella/ no sea un homicidio.” (p.75)

Francisco Caro desnuda su corazón en los versos; escudriña sombras, incertidumbres, cambios, espejismos de nuestras vidas, entre los misterios del poema: “Quiero decir que nieva/ solamente de mí, de cuanto fui inocencia// Desde mi tiempo hoy,/ sobre un tiempo que busca o que persigo,/ nieva:/ verdad que me deshace.” (p.16)

La poesía recuerda que nunca somos libres; sobrevivimos encadenados a cuerpos vulnerables (cenizas del olvido) y debemos superar el dolor: “le gustaba escribir/ en la arena palabras muy hermosas,/ como labios,/ escribir, por ejemplo, poesía.” (p.68) 

Abiertos sus ojos sencillos para sentir amor, el poeta siempre busca milagros culturales, pura belleza de la creatividad: “He pasado a ser tú/ sin advertirlo/ no sé momento exacto/ ni dolor que anunciase/ tal vez lo oscuro./ Lejana soledad/ de las metamorfosis.” (p.49)

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