24 dic. 2015

Los nombres y los días (XIII Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares”)

“Un hombre allí pinta los datos en las losas. 
Sólo pinta esto, los nombres y los días.”
Esperanza López Parada


Entre 11 libros finalistas, el jurado del Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares”, tuvo difícil resolver la XIII convocatoria que patrocina su Ayuntamiento (2000 euros y publicación). El presidente, Antonio Hernández (Premio Nacional de Poesía y Nacional de la Crítica 2014), junto a los tres vocales, Antonio García de Dionisio, Teo Serna y Manuel Laespada (todos del grupo “Azuer”), por mayoría eligieron ganador el titulado “Los nombres y los días”, original de Darío Frías Paredes.

Darío Frías (Tudela, Navarra, 1975) ejerce como Maestro de Educación Primaria. Realizó cursos de Filología Hispánica y Filosofía Pura en la Universidad de Zaragoza. Lleva tres años de fortuna literaria, con 6 libros y 6 premios: “Las afueras del tiempo” (2013), Iparragirre Saria (Gipuzkoa), modalidad poesía en castellano; “La dimensión de lo invisible” (2014), Divendres Culturals (Cerdanyola del Vallès), modalidad castellano; “Volverse sombra” (2015), Alfons el Magnanim (Valencia), poesía en castellano; “En la región de Escitia” (2015), Nacional de poesía “Nicolás del Hierro” (Piedrabuena); “Los nombres y los días”, “Ciega de Manzanares” (Huerga&Fierro. Madrid, 2015); y “Apuntes de invierno”, Nacional de poesía “Blas de Otero” 2015, (recién otorgado en Majadahonda, Madrid).

Darío Frías intenta contradecir la distinción que hacía Antonio Machado entre “voces y ecos”: quiere “confundirlos y que el lector no sepa dónde empiezan las voces y dónde los ecos.” Escribe poemas cuyos versos avanzan silenciosos y conducen al final de la vida. Sienten pasión y presienten ausencias, soledad, espejismos... Hacen preguntas que cuesta demasiado responder. Así comienza su valiosa reflexión a 5 voces (John Milton, Allan Poe, Hölderlin, Wittgenstein y Al-Ramadi) sobre la muerte: “Cansado de velar/ la delicada red de tantas sombras,/ vuelvo la mirada hacia otro lado/ y escribo.” (p11)

“Los nombres y los días” incluye 56 poemas (más proemio y coda) en 5 partes. La primera, 9 cantos en voz de John Milton. Le dicta sus últimos versos a Elizabeth Minshull, compuestos mentalmente la noche anterior (Londrés, 1674): “Qué quietud sería ahora/ escuchar el tacto de la tierra/ y esperar que una mano muy blanca nos borrase/ la arena de los labios.” (p18)

Siguen 13 misteriosos pensamientos de Allan Poe, mientras acompaña el cortejo fúnebre de Virginia Clemm (Nueva York, 1847): “Existes porque aún puedo tocar/ el silencio que fuimos.” (p38)

Hölderlin (13 poemas) declara sus ensoñaciones al Jefe del Servicio (Clínica Psiquiátrica de Tubinga, 1847): “Deja la desnudez,/ entre las flores/ sus párpados/ abiertos./ La eternidad es breve/ como un anillo/ de agua.” (p55)

Intuyendo la cercanía de su muerte, Wittgenstein (8 poemas) trabaja con Elizabeth Anscombe en el manuscrito del ensayo “Sobre la certeza”: “Fuiste todo/ el silencio/ que unas manos sin sombra/ pueden llegar/ a rozar.” (p64)

La quinta voz descubre una mirada sensual: el amor platónico que Al-Ramadi (13 poemas) sentía por la esclava Jalwa. Este poeta sufrió presidio en Medina Zahara, fue desterrado de Córdoba y volvió para ser condenado a vivir en silencio (año 970): “Voces que os unís/ como pájaros ciegos/ a la noche,/ velad conmigo/ el nombre del origen./ Las heridas,/ la niebla,/ la luz abandonada.” (p73)

Darío Frías Paredes atesora palabras esenciales (poesía desnuda), pero las deja libres volar en la noche, sin temor a los vientos del olvido: “Lo que existe y lo que no existe/ son ya la misma cosa:/ un puñado de signos, una voz/ crucificada.” (p89)

Remito felicitaciones al poeta navarro y saludos a los amigos que cuidan bien la cultura de Manzanares.


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