15 mar. 2016

Blas de Otero, fieramente poeta

“Yo doy todos mis versos por un hombre en paz.”
(Blas de Otero)

Recordamos a Blas de Otero, fraternal poeta que sufre la Guerra Civil Española, represión y censura franquistas, muere con ansias de libertad: “Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,/ al borde del abismo estoy clamando/ a Dios. Y su silencio, retumbando,/ ahoga mi voz en el vacío inerte./ Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte/ despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo/ oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando/ solo. Arañando sombras para verte./ Alzo la mano, y tú me la cercenas./ Abro los ojos: me los sajas vivos./ Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas./ Esto es ser hombre: horror a manos llenas./ Ser -y no ser- eternos, fugitivos./ ¡Ángel con grandes alas de cadenas!”

Blas de Otero Muñoz (Bilbao, 1916-Majadahonda, Madrid, 1979), difunde sus vivencias en valiosos libros: Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (Premio Boscán de Poesía, 1950), ampliados en Ancia (Premio de la Crítica 1958 y Premio Fastenrath de la RAE 1962), donde suma 36 poemas inéditos: “Un mundo como un árbol desgajado,/ una generación desarraigada,/ unos hombres sin más destino que/ apuntalar las ruinas.”

Ante la quiebra del negocio familiar, sus padres buscan mejoras en Madrid. Al fallecer su hermano mayor (1929) y también su padre (1931), Blas tiene 15 años y buscará sustento para su madre y dos hermanas. Realiza diferentes oficios en Bilbao y León, incluso minero: “Nada es tan necesario al hombre como un par de lágrimas/ a punto de caer en la desesperación.”

Licenciado en Derecho (Valladolid), asiste a cursos de Filosofía y Letras (Madrid). Termina la guerra y trabaja como abogado en una empresa metalúrgica. En 1945 sufre crisis depresivas y lo tratan en el sanatorio de Usúrbil. Auto-exilio en París. Invitado por la Sociedad Internacional de Escritores, viaja por Rusia y China. Sus poemas siguen las tendencias existencialistas de la literatura europea tras la Segunda Guerra Mundial: “...voy sobre Europa/ como en la proa de un barco desmantelado/ que hace sangre, voy/ mirando, algunas veces,/ al cielo/ bajo,/ que refleja/ la luz de la sangre roja derramada.”

En 1964 se traslada a Cuba y le otorgan el “Premio Casa de las Américas”. Allí conoce a Yolanda Pina, se casan y residen en La Habana tres años. En 1967 se divorcian y Blas de Otero vuelve a Madrid. Espera su amor necesario con Sabina de la Cruz. Publica nuevas obras, Pido la paz y la palabra (1955), En castellano (1959) y Que trata de España (1964): trilogía de marcado carácter social. Luego crecen Historias fingidas y verdaderas (Prosa, 1970).

Final de viaje, nostalgia, serenidad, libros inéditos (Hojas de Madrid y La galerna), recados amorosos a su fiel compañera: “Entre enfermedades y catástrofes/ así te encuentro en mitad de la muerte/ vestida de violeta y pájaro entrevisto/ con tu distraído pie/ descendiendo las gradas de mis versos.”


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