1 jun. 2017

Alas rotas que arden, por Isabel Villalta

El libro de José María González Ortega (Ciudad Real 1958), Alas rotas que arden (Colección Bibliográfica nº 35 del Grupo Literario Guadiana), es un vivo exponente de la estética de la Generación Beat, desarrollada a finales de los años 40 en los Estados Unidos, en la que la libertad de pensamiento y conducta, mirando el mundo desde el otro lado del cristal de la civilización, sus desencantos y sus tragedias, hizo un canto libertador de su espíritu y una oda a los “ángeles” próximos, a las víctimas de aquel tiempo de guerra y de posguerra mundiales.
 
 
En este libro, el poeta de Ciudad Real se sumerge en la respiración de sus propias experiencias y recuerdos dolorosos con un hálito desajustado, llora en los poemas, en frases yuxtapuestas con ausencia de puntuación la mayoría de las veces, las pérdidas de quienes amaba en extremo que de forma prematura fallecieron, hiriéndole en lo más profundo y, además, marcando su trayectoria lírica. Es poesía hecha a golpes de sentimiento pasional y melancólico como un refugio del amor. Este poeta, así lo veo yo, atrapó en su alma desde muy joven la filosofía de aquellos creadores de la mitad del siglo XX, que tuvo repercusiones más o menos intensas por el resto de los países de occidente, y que le es, como quien dice, innata (así lo veo yo, que lo conozco) para desde esa pureza y vigor en abandono cantar a sus recuerdos. 
El poeta talla así poemas de iluminación interior, dirige odas a los “ángeles” en que se han convertido seres tan íntimos, entre ellos, al “ángel” o Eva que le dejó colgadas de su entraña las hermosas experiencias del amor, el amor que por ella sentía y la que, a la manera de la Beatriz de Dante, se haya en el submundo conduciendo en su soledad creadora, hasta un final paradisiaco o “ciudades, pueblos abandonados”, su palpitar de hombre-amante. 
Beat puede traducirse como “abatido”. Así se sentían aquellos poetas en aquella sociedad americana sumisa a las tragedias de la guerra y la liberación de Occidente posterior a la Segunda Guerra Mundial que rechazaban, y así, ante el dolor prematuro o siempre injusto o triste de la muerte, ante el recuerdo de los seres que tanto amó, se siente este poeta que es José María González Ortega. 
Leer Alas rotas que arden conduce por todas esas realidades y más, por otras vivencias veladas que palpitan en su actualidad o son su propia fortaleza y adonde y desde las que el autor manda guiños de esperanza (“Ven/ a soñar/ y defender la vida”); es ver que, a pesar de que se la consideró extinguida a partir de la guerra de Corea (1950-1953), que su movimiento retembló hasta el final de la de Vietnam (1975), a pesar de la decadencia Hippy y otras rebeldías relacionadas, la estética y la filosofía oriental de la Generación Beat se mantiene viva en el reencantamiento lírico de los poemas de este creador de Ciudad Real, este poeta que, pese a los recuerdos dolorosos y su inmersión creadora en ellos, invita a “Cantar/ de nuevo/ besar otros labios/ alimentar palabras mensajeras
 

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