4 oct. 2017

La poesía de José María González Ortega, por Pilar Serrano de Menchén


Si seguimos la poesía actual de nuestra Provincia es preciso ir haciendo escalas para abrir las alas (valga el pareado) y recibir con solemnidad al poeta José María González Ortega; componente del Grupo Literario Guadiana y autor del monográfico último que dicho Grupo, por medio del docto Consejo de Redacción de Guadiana, inaugura con gran puntualidad. Monográficos que están dedicados a los que suman su buen hacer en tan importante y veterano colectivo; dirigido ahora por Eugenio Arce.

Pero hablemos del último número, dedicado al ciudarreleño de corazón y devoción  que nos ocupa, titulado: “Alas rotas que arden”. Alas que arden, como la zarza de la biblia, sin consumirse; pues en este libro hallamos a un poeta curtido en la vida y en la poesía. Poeta de superación cierta; y a pesar que inaugura el libro con versos que alientan lo triste “Abre/ tus alas tristes/ poeta ruiseñor/. Ven/ a soñar/ y defender la vida”, no desgasta el uso de la luz en su esperanza. 
 
Universo y conceptos reunidos para la reflexión y deseo de un mundo mejor. Por ello digamos que su periplo nos lleva por anchos caminos donde la palabra se autentifica y se clarifica para ser entregada; buscada con la verdad de la filosofía oriental. 

Poemario escrito con haiku (jaiku en español para algunos tratadistas). Forma versal que dicen tuvo su primer encuentro con la poesía desde la filosofía zen.
 
Muy amorosamente ha sido tratada tan delicada composición por González Ortega. Pero no nos extraña su convicción y su participación en una poesía tan llena de registros: lo material e inmaterial, la naturaleza y los sentimientos; la percepción del fondo de las cosas apegada a la sensibilidad…; máxime, si revisando su biografía, vamos encontrándonos con una búsqueda constante de lo bello a través de diversas manifestaciones artísticas.


Hagamos memoria. José María González Ortega, ya en 1977, funda los grupos “Cálamo” y “Endovélico”; posteriormente pertenecería a otros, así como a diversos colectivos teatrales y culturales; colaborador y creador de espacios en radio y televisión, suma a su trayectoria un ámbito donde las huellas van dejando su nombre. Altos vuelos que permitieron la publicación en 1979 “La voz de las raíces”, recogido en el volumen “Hacia la luz”; “Testimonio del ansia” y “Hablar con el silencio”.  Desde esas fechas una bien nutrida biografía ha ido sumando en positivo su trayectoria con libros importantes. Entre otros, es preciso destacar la antología por él preparada (1983) y titulada: “Ciudad Real: Poesía Última”; libro prologado por el gran Valentín Arteaga, y nutrido con las excelentes voces de dieciséis poetas nuestros. Más tarde llegarían otras entregas, destaquemos uno de los últimos (2009): “Detrás de las palabras: Posguerra y Transición en la poesía de Ciudad Real”. 
 
En esa línea de superación, en dicho caminar, vamos encontrando hitos y búsquedas, victorias del poeta, con otras entregas que incluyen emociones y tiempo vivido y convivido con la poesía: recitales, homenajes, centenarios, jornadas poéticas…; y de trasfondo la vida: mochila donde la palabra acompaña y acompasa, ayuda a superar dificultades.
 
Un trabajo continuado que lo ha llevado a la reflexión de lo humano en la vértebra de sus registros; y a querer entender la clave de la presencia del misterio poético a través de ese cúmulo de perfección a la que aspiran los versos orientales. “Cantar/ besar otros labios/ alimentar palabras mensajeras”. Pongamos otros ejemplos: “Preparar/ buena tierra/ sembrar urgentes/ poemas insumisos”. “Labios/ verdaderos/ latidos que sangran/ y permanecen silenciosos/”. Asombro y emoción para que el concepto y el precepto conjugue en la poesía.
 
Intercalaciones de la naturaleza, que no debe ser excusa para componer el ramillete que forma la existencia: tan complejo y estremecedor.  En este cuadro múltiple, espacio donde nos vamos haciendo, sin quizá pensarlo, o muy pensado, José Mª González Ortega ha utilizado para sus versos “la luz no usada”; que dijera fray Luis de León.  
 
Trasminada su voz a través de un lenguaje sencillo y universal, en este librito que decimos, apoya sus conceptos en el mensaje intemporal que tiene la buena poesía. “Busca/ con libertad/ el corazón del ángel”.
 
Esencia de vida y expresión personal: la poesía como encuentro y comunicación; y, como toque de atención para un mundo individualizado, seco y hostil. Mensaje por medio de concepto sutiles. Poesía transparente y sensorial, necesaria y justa, con la que se mide la temperatura del corazón. “Dioses/ invisibles/ alas estremecidas/ protegen tu cosecha”.
 
Nuestra sincera enhorabuena a este ramillete de esperanza. 

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