6 oct. 2011

Topología de una página en blanco

Palabras insumisas sobrevuelan abismos y silencios.
 
Difundir versos digitales a poetas, críticos literarios y posibles lectores generosos (¡benditos sean!). La valiente decisión del “ciberpoeta” Alejandro Céspedes, hizo que recordara al grupo Golpes Bajos y su famoso tema, “Malos tiempos para la lírica”. Cumplidos 30 años, sigue de moda aquella “movida”; pero nosotros sí cambiamos: somos más, leemos cada vez menos y nos empeñamos en ser protagonistas, escritores importantes. Una paradoja tristemente cierta.

Hiperactivos autores forman parte de la vida literaria, junto a editores, distribuidores, libreros y lectores ávidos de cultura. Sólo les ofrecen enormes “Bests Sellers” por capítulos, saludables para distraer cerebros “indignados”; novelas ganadoras (601.000€), finalistas (150.250€) y textos clásicos. Existen certámenes (¿cuántos quedarán en 2012?), cuya dimensión “mediática” la fijan (salvo % fiscal) ingresos jugosos y frágil notoriedad. Acuden soñadores, centenares: promocionan nombres escogidos por selectos jurados “corre turnos” y los editores, con voz y voto. Hoy casi nadie busca “voces nuevas”, sino bien situadas en el “parnasillo” poético. Se nota la crisis. Al Premio Café Gijón 2011 (30.000€) han optado 1.166 novelas, el triple de la edición anterior. Oscuro panorama literario y tan competitivo que, si las bases lo permiten, algunos abusan: “Es la décima o decimoprimera vez que logra este premio”.

Hablamos de poesía, “Cenicienta de las letras”, y siempre queremos decir lo mejor. Aun así, tenemos claro que ningún sonetista serio vende varias lujosas ediciones, como Joaquín Sabina sus sonetos jocosos. En todas partes hay poetas; pocos significativos. Es agotador leernos unos a otros. Indolentes, olvidamos que los jóvenes inéditos buscan esperanzados acariciar, dedicar el primer libro, y como nadie abre puertas, sufragan la 1ª edición de 100 ejemplares.

 Alejandro Céspedes (Gijón, 1958) es Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo y reside en Madrid desde 1985. Conoce la naturaleza y complejidad del colectivo. Fue gestor cultural y director de espacios escénicos hasta 2004; cofundador de la revista “Número de víctimas”; coordinador poético de “La Cultura de Madrid”; codirector del programa radiofónico "Definición de savia" (2009-2011), emitido por el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Realizó críticas literarias en “El Cultural” del diario El Mundo (1998-2001) y colabora en revistas y suplementos culturales españoles.


Tiene publicados 11 libros; entre ellos: “Flores en la cuneta” (Hiperión, Madrid. 2009; XXV Premio Jaén de Poesía); “Los círculos concéntricos” (AEAE, Madrid. 2008; Premio “Blas de Otero” 2007 y Premio de la Crítica de Asturias en 2009); “Sobre andamios de humo”, Antología 1979-2007 (Vitruvio, Madrid. 2008); “Hay un ciego bailando en el andén” (Hiperión, Madrid. 1998); “Las palomas mensajeras sólo saben volver” (Hiperión, Madrid. 1994; Premio Hiperión), y “James Dean, amor que me prohíbes” (Pamiela, Pamplona. 1986).

Libros necesarios que reflexionan sobre nosotros y nuestras ilusiones, desgracias, pesadillas, inquietudes sociales: amor homosexual, VIH (Sida), abusos a menores, accidentes de tráfico... Describen escenas de una sociedad en grave deterioro, donde la fragilidad es vulnerada. Céspedes asume la vida como “historias que siempre terminan mal”, y sus poemas rechazan egoísmos, aptitudes hipócritas: “cada muerte son todas las muertes.”

Metamorfosis poéticas, salidas de luz al espanto que produce la muerte. Críticos destacados lo valoran: Manuel López Azorín, Víctor García de la Concha, Rafael Alfaro, Luis García Montero, Carlos Aganzo, Julio Mas, etc.

Insumisa voz, capaz de poner patas arriba esencias y prejuicios del idioma: pautas, significados, aplicaciones visiblemente alejadas de la nueva era digital. Poderosos recursos líricos desarrollan imprevisibles posibilidades interconectadas; bálsamo para cubrir de ternura heridas imborrables y lanzar al viento turbadora belleza: “Topología de una página en blanco”, diseñado por el autor y Mariano Garroso, que realiza la edición (alejandrocespedes.blogspot.com).

“El hecho -particular y sin importancia- de que no lo veas, no significa que no exista, o que no esté aquí, acechándote desde algún lugar de la página en blanco, preparado y ansioso de saltar sobre tu ceguera.” La cita de Wilfredo Machado conduce al acogedor refugio creativo, donde el poeta nos pide participar en su rebelión de palabras arrebatadoras: “se construye intentando hacer invisible la estructura/ pero se olvida que es necesario creer/ en las palabras/ en sus metamorfosis/ aunque algunas se escondan/ para hacer evidente que tampoco ellas tienen fe/ detrás del silencio no saben ser visibles...” (p. 38).

Céspedes eleva la memoria con frágiles alas que recorren abismos, silencios, arenas movedizas, desde la marginalidad del náufrago conocedor de su destino. La página, lugar de encuentro para lo creado, creador y lector (“recreador”), convertida en metáfora, espacio-tiempo propicio para soltar palomas mensajeras, palabras insumisas que van y vuelven produciendo metástasis, intensidad sensorial, universos, amor en la desolación. Cuando miramos sin temor a los límites, sucede todo: “las manos tienen bordes/ afilados/ úsalas/ abraza pasa hojas dispárate/ lo que ignora su origen no sabe que regresa/ el verbo es reversible miente la verdad sigue ocurriendo/ en ambos lados al otro lado de esta misma página...” (p. 81).

Furtivo cazador, situado lejos de zonas comunes y cirugías estéticas a cadáveres simbolistas, surrealistas, etc., elige constancia frente a necesidad de inspiración y cuida su romance cuerpo a cuerpo con las palabras desnudas, inocentes. Atesora llamaradas de cultura, materia conmovida, versos a fuego lento. Poesía sin artificios, de calidad indiscutible y llena de preguntas, luces y sombras que se persiguen a sí mismas. Las figuras y metáforas surgen para hacer sentir al lector latidos universales (“Big Bang”), albores infinitos, mágico silencio. El autor confiesa: Reflexiono sobre el soporte, el sujeto, el lector y sus relaciones sobre el texto. Creo, sólo creo, que estoy intentando profundizar en eso de la nueva “objetividad”.

Alejandro Céspedes, amigo “ciberpoeta”, necesita lectores dispuestos a dejarse seducir en este viaje digital, que sorprende con fuerza desde dentro. Recorrerán intensas etapas de vida, caminos abiertos en la espesura -topologías del mundo-, noches luminosas. Verán -estoy seguro- nuevas formas de expresión y palabras entrañables acribilladas: “en fila/ maniatadas/ de espalda a la pared/ escuchan la detonación de tus dos ojos/ sin embargo incomprensiblemente nunca hay tinta en tus dedos/ cuando vuelves la página” (p. 85).

1 comentarios:

Alejandro Céspedes dijo...

Muchas gracias por tus palabras, aunque no nos hayamos visto nunca ya puedo contarte entre mis amigos, porque lo que has escrito son palabras amigas.
Un abrazo de ciberamistad.