18 oct. 2017

El corazón de los grandes poetas

“¿Qué importa un verso a nadie
si ese nadie no besa la palabra?”
(Nicolás del Hierro)

Recuerdo siempre la voz amiga de Nicolás del Hierro (Piedrabuena, 1934-Madrid, 2017). Soy testigo de superar vientos y generar esperanzas: “...repartido, dividido,/ transformado, entregado… sólo,/ sólo/ y/ únicamente/ por/ amor.”

Desde la difícil posguerra, Nicolás vive la transición democrática y comparte silencios, utopías, fervor, ardiente soledad: “Porque es del interior,/ del alma,/ donde brotan,/ le brotan/ al poeta los sones y su música.”


La poesía de Nicolás del Hierro permite comprender nuestra relación esencial con el mundo. Sus mensajes ayudan a reflexionar: “Un resplandor/ anunciaba distintas claridades/ cuando inició la alondra el primer vuelo/.../ y andábamos, estábamos perdidos/ al borde casi de la misma luz.”

Nicolás escribe sobre la vida: luces, sombras, furias, olvidos. Pasión sensorial y cognitiva define su trayectoria: “Ebria de luz y formas,/ la retina/ vive la sensación y la memoria/ evoca la nostalgia del planeta./ Las fibras sensoriales, en su pálpito,/ estremecen al hombre.”

Sentir el corazón de los grandes poetas. Necesitamos cultura donde florecen valores inmortales. Vale la pena comprobar experiencias profundas reveladas por sencillos versos: “De la cal y las piedras, de la vida,/ aprendí las palabras,/ las cultivé en los vínculos/ de los libros más libres,/ en los labios más ásperos/ y los más amorosos a la vez.”

Nicolás del Hierro selecciona bien cada metáfora: “Casi con ansia espero/ la luz,/ para crearte.” Tiene don para conseguir especiales poemas, tinta color del alma: “Debía no sufrir, sentirme lleno/ de un alba presentida, enamorado,/ lanzarme a las alondras de mi vuelo,/ escribir y soñar...”

Lazarillo de palabras inocentes, pájaros libres cuando sueña: “Recuerdo muchas cosas.../ los hombres no recuerdan;/ parece que han perdido la memoria./ Pero yo soy/ un pozo/ de recuerdos,/ un lago de recuerdos,/ un río/ de recuerdos/ donde podéis/ beber/ los apenados.”

Testimonios que piden latidos verdaderos entre los seres y las cosas: “El agua,/ el agua es lo que importa./ Una tormenta fuerte, grande,/ que se llevara este sabor a polvo,/ esta tribulación que sale,/ sin merecerlo, a veces, por la boca./ El agua…/ ¡Si lloviera/ podríamos sembrar algo de amor!”


Nicolás del Hierro, uno de los poetas más reconocidos en Castilla-La Mancha, cuyas obras cruzan lejanos países, vio nacer otro hijo llamado Nota quisiera ser de cuanto sueño (Ed. Lastura. Toledo, 2017), pero no pudo llegar a presentarlo: “Esperaré seguro, silencioso/ en el ir y venir de este mutismo,/ hasta que haya una luz en cada frente;/ hasta que, todo a punto, presuroso,/ escape del vacío de mí mismo/ para vivir mi sueño eternamente.”

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