
Antes de comentar sus obras, he querido dedicar al poeta Rafael Simarro (hijo) un testimonio
de mi amistad con su padre, quien seguro estará complacido de ver encendida la llama del amor
en versos sinceros, transparentes, hondos...
Rafael Simarro Sánchez (1962) nació y pasó su infancia en Villanueva de los Infantes. Residió
diez años en Madrid (1980/90), donde cursó estudios de Derecho. Vive y trabaja en Ciudad Real
desde 1990. Es autor de tres libros: Beberse el Leteo (2008), Cuando nada importe (2010) y Justa
medida (2011). Colaborador de las revistas literarias “Manxa” y “Azahar”. Incluido en el volumen
antológico “Azahar” (Conil de la Frontera, Cádiz). Varios blogs culturales ofrecen poemas
suyos: “...amor sobre la tierra,/ el nido del zorzal y la paloma,/ los bosques milenarios,/ los
inviernos/ de sueño/ y el corazón del trigo,/ latido universal del que formamos parte,/ proyecto
que nos lleva/ y nos vuelve infinitos...”
Vida, amor, soledad, muerte y destino del alma: Dios. Temas esenciales plasmados en versos
libres y composiciones clásicas, sobre todo sonetos, que despliegan cultura literaria, dominio del
lenguaje (fondo y forma), gratitud a maestros ilustres, pasión lírica: “Pocas veces el mundo, ante
tanta belleza/ perdida para siempre, te podrá ver los ojos,/ si vueltas las espaldas me olvido de tu
historia.” (“Manxa”. Nº XLI. 2010)
Las palabras inmarcesibles seducen su joven corazón (Madrid, 1981) y Rafael Simarro Sánchez
se reconoce poeta. Decide caminar entre luces, sombras, arenas movedizas... Avanzar siempre
con sencilla ternura hasta las raíces del dolor. En esta vida hay ríos sin piedad, capaces de
borrarnos la memoria como el celestial Leteo: “...cuyas aguas nos vuelven/ hacia nosotros
mismos,/ en un postrer bautizo/ de vida inmaterial y de olvidanza.” (p.38)

La poesía no descansa, busca, descubre, siembra, desarrolla sensibilidad: voces apasionadas
que respiran, tiemblan, aman, sufren... y recuerdan el verdadero significado de las cosas. Poetas,
ellos saben perdonar heridas, ausencias (un hermano) grabadas en el alma: “Abrió tu puerta
Dios, con manos llenas/ de una dulce piedad, para del lodo/ redimirte por siempre de las penas.”
(p.34)
Hace muchos años me dijeron: “Te tomas muy a pecho la poesía.” Amigo Rafael, hoy deseo
repetir las palabras finales escritas en tu dedicatoria: “Es lo único que merece la pena.”
Lanza Digital
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